Daño Articular

El lugar donde se unen dos huesos se llama articulación. Los capilares, los vasos sanguíneos más pequeños, se rompen algunas veces, lo cual causa una hemorragia interna. Esto le puede suceder a cualquiera, pero en el caso de las personas que padecen hemofilia, esta hemorragia no se detiene de inmediato, y permanece sangre remanente en la articulación después de cada hemorragia.1 En algunos pacientes con hemofilia, la hemorragia en articulaciones se presenta sólo después de una lesión, un esfuerzo u otra causa física, como una cirugía. Pero muchas otras personas con hemofilia grave sufren hemorragias espontáneamente sin causa conocida. Si el tratamiento es inadecuado, las hemorragias repetidas en las articulaciones, con el tiempo, pueden ocasionar deterioro progresivo de los músculos y las articulaciones. 2

Las hemorragias repetidas en una articulación causan que la capsula de la articulación, o membrana sinovial, se inflame y sangre con facilidad. Como resultado, el revestimiento deja de producir suficiente líquido sinovial, que es viscoso y ayuda a que la articulación se mueva adecuadamente. Cuando esto sucede, la articulación se vuelve rígida y dolorosa al moverse. Asimismo, las articulaciones se vuelven inestables y difíciles de usar. Por ejemplo, caminar se vuelve difícil. Después de un tiempo, el cartílago que recubre la parte distal de los huesos y las articulaciones se estropea, y algunos de los huesos se desgastan. A este proceso degenerativo o deterioro se le llama artritis hemofílica.1

Las articulaciones que sufren afectaciones con mayor frecuencia son las rodillas y codos, pero las hemorragias y la artritis pueden presentarse en los tobillos, hombros, muñecas, caderas y otras articulaciones.2